A menos que hayas estado viviendo bajo una piedra durante el último año, te habrás dado cuenta de que a muchas de las divisas más fuertes del mundo les ha pasado algo extraño en 2016, con los términos “máximo histórico” y “mínimo histórico” inundando las noticias financieras. Si tomamos la libra esterlina como ejemplo: su valor se depreció un 28,4% frente al real brasileño y un 14,39% frente al euro, pero mejoró un 105,8% frente a la libra egipcia.

Todos sabemos que los tipos de cambio pueden fluctuar en cualquier momento, al fin y al cabo, se trata de la comparación de dos divisas distintas. Sin embargo, los motivos que se esconden tras estos cambios son más difíciles de comprender.

Fluctuación de la riqueza

La raíz de toda esta fluctuación es el principio básico de oferta y demanda. Una moneda es como un mango o un iPhone 7: si hay mucha demanda (que a menudo va ligado a una baja oferta), el producto será más caro. Hasta aquí, todo claro. Pero, ¿qué provoca este aumento o caída de la demanda? Aquí es donde entran en juego muchos factores distintos, desde la acciones del gobierno a la confianza de los consumidores y la agitación política.

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Fijación de los precios

La oferta monetaria y los tipos de interés son dos de los factores principales que afectan a la demanda de una moneda. Ambos factores pueden ser controlados por los gobiernos y sus bancos centrales, que los utilizan como herramientas para manipular sus economías. En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra fija el tipo de cambio oficial, conocido como el tipo de interés oficial en Gran Bretaña (Bank Rate en inglés), que a su vez influye en las tasas de débito y de crédito generales. En la actualidad es de 0,25%, pero no siempre es tan bajo, en noviembre de 1979 alcanzó un máximo de 17%.

La oferta monetaria se refiere a la cantidad total de dinero que se encuentra en circulación en un país. Cuanto mayor sea la cantidad de la moneda, menor será el valor de esta frente a otras divisas y caerá el tipo de cambio. Una oferta monetaria alta está relacionada con tipos de interés bajos (como hemos explicado antes, una oferta mayor significa una menor demanda).

A su vez, los tipos de interés bajos también suelen devaluar la moneda, porque los inversores obtienen peores rendimientos en sus inversiones en dicha moneda. Puede parecer que los tipos de interés bajos son una mala noticia, pero hay otra perspectiva a largo plazo que puede explicar por qué los gobiernos deciden bajar a veces sus tipos de interés. Estos implican que la gente pide más créditos y gasta más, lo que podría hacer crecer la economía.

Subida de precios

También hay que prestar atención a otro factor importante, la famosa inflación. Si la inflación (el tipo de interés al que los precios estás subiendo) aumenta demasiado, porque la demanda de bienes excede la oferta, puede causar inestabilidad económica y una caída del valor de la moneda. En pocas palabras, la gente no puede permitirse comprar los mismos productos a los que están acostumbrados, así que es probable que los negocios tengan problemas vendiendo sus productos y servicios. Un banco central podría intentar contraatacar la inflación subiendo los tipos de interés, lo que incitaría a la gente a ahorrar en vez de a gastar en bienes. Esto tiene como resultado la caída de la demanda y una bajada de la inflación.

Hemos visto cómo los tipos de interés bajos implican normalmente tipos de cambio bajos. Sin embargo, sucede lo mismo a la inversa, tipos de interés más altos van asociados por lo general a tipos de cambio más altos porque los inversores obtienen mayores beneficios sobre sus bienes comparados con estos mismos en otra divisa.

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Estabilidad del mercado

La estabilidad es un factor fundamental relacionado con todo lo comentado hasta ahora. Los mercados la adoran y supervisan constantemente los indicadores económicos y la actualidad para descubrir dónde hay estabilidad y dónde no. Una economía fuerte y estable, con una confianza de los consumidores reflejada en un alto grado de consumo, una tasa de desempleo baja, un mercado inmobiliario floreciente y un aumento del Producto Interior Bruto (PIB), fomenta las inversiones y aumenta la demanda de la divisa de un país.

Sin embargo, si el país está atravesando un período de inestabilidad política, todos estos factores económicos se vuelven insignificantes. A menudo, el malestar político es un mal presagio para la economía de un país, ya que desalienta la inversión extranjera e implica con frecuencia la caída de la demanda de una divisa y, por lo tanto, de su valor a nivel mundial. Por ejemplo, la incertidumbre respecto a las repercusiones del Brexit provocaron que la libra esterlina cayera en picado. Cuando se trata de mantener el valor de una divisa a largo plazo, la confianza y la estabilidad son palabras clave. ¿Y qué pasa a corto plazo? Como hemos explicado anteriormente, es complicado.

Brexit vote

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