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Para celebrar el Día Internacional de la Mujer de 2016, Azimo lanza en marzo una nueva serie de entrevistas que exploran el tema del género, con historias que van desde el éxito y la superación hasta la frustración laboral y mucho más. Y qué mejor manera de empezar que entrevistando a nuestra cofundadora y especialista en tecnología financiera, Marta Krupinska.

¿Cuál es tu función en Azimo? ¿Cómo acabaste aquí?

Soy la directora general y cofundadora. Soy de Polonia y sigo enviando dinero a mi madre todos los meses, pero me considero una “expatriada perpetua”. Antes de incorporarme a Azimo en 2012, he trabajado en todo el mundo.

¿Crees que las mujeres están bien representadas en la empresa?

Sí, mucho, excepto en el equipo de desarrollo. Es un sector tradicionalmente dominado por hombres, pero estamos dispuestos a cambiarlo y estamos celebrando eventos de Women in Technology (Mujeres en la tecnología) en nuestra oficina de Cracovia. Las mujeres pueden aprender a codificar y reciben orientación de nuestros desarrolladores sobre cómo continuar con su carrera. Hace poco Martha Lane Fox dijo que “necesitamos 600.000 personas para trabajar en el sector digital y de las TI. Actualmente hay 800.000 mujeres desempleadas en este país”. Pero si no formamos a las chicas para estos puestos, habrá un gran desequilibrio de género.

¿Y que hay del sector de la tecnología financiera en general?

Los sectores de la tecnología y las finanzas siempre han empleado a muy pocas mujeres,  así que no es de extrañar que al combinar los dos haya un problema de igualdad de género. Creo que el problema empieza mucho antes del lugar de trabajo. Es un problema de orientación. En el colegio, asignaturas  como las ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas no se ofrecen a las chicas como opciones interesantes.

¿Cómo crees que ha mejorado la igualdad de género últimamente?

Ahora, muchas mujeres tienen acceso a puestos directivos gracias a un cambio importante en la percepción social. Hoy en día está más aceptado socialmente que las mujeres ocupen puestos de poder. Los hombres también han aportado su granito de arena. Han aprendido a compartir responsabilidades en el hogar, lo que supone una gran diferencia.

¿Y en qué aspectos crees que se ha estancado el progreso?

Aún no hay suficientes mujeres en puestos directivos en el sector del capital de riesgo. Como resultado, no hay las suficientes empresas emergentes financiadas o dirigidas por mujeres. Algunos aceleradores, como Startupbootcamp, Techsters y Masschallenge, están buscando activamente mujeres fundadoras, pero se puede hacer mucho más. Además, las mujeres deben ganar en confianza para llegar a lo más alto.

¿Cómo podrían mejorar los lugares de trabajo en cuanto a igualdad de género?

Tuve la suerte de ser mentora en Girls in Tech (Chicas en la tecnología), que es un concepto excepcional. Una de las cosas que quedaron patentes fue que tenemos que analizar cómo promover a las mujeres a puestos más altos, pero también ofrecer más flexibilidad para la conciliación laboral y familiar. El hecho de que una mujer quiera ser madre no implica que no sea una gran profesional que merezca la pena cuidar.

¿Cuál es el mejor consejo que has recibido y que darías a las jóvenes de hoy?

Que no intenten adaptarse a un modelo creado por las generaciones anteriores. Y que no se preocupen por las cosas que no pueden cambiar. En vez de eso, que intenten mejorar aquello en lo que puedan influir. Cuando empezaba, era una chica polaca en un país extranjero y creía que el mundo estaba contra mí. Pero alguien me aconsejó que me centrase en las cosas que podía cambiar realmente y no he dejado de hacerlo.

Como empresaria de éxito, ¿qué mujeres te han inspirado particularmente?

Dame Stephanie Shirley, sin ninguna duda. En 1962, creó una de las primeras compañías de codificación del Reino Unido. Empleaba casi exclusivamente a mujeres, entre ellas, a muchas madres que trabajaban desde casa, y les enseñó a codificar en tarjetas perforadas. También se cambió el nombre por Steve para conseguir los primeros contactos en un mundo dominado por hombres. Estas madres que trabajaban desde casa acabaron programando la caja negra del Concorde. Emprendió su negocio con 6 libras y en el año 2000 llegó a valer 2.300 millones de libras.